ANDRÉS GAJARDO / Santiago / Sección 02

Indudable y perceptible al momento de observar la magnitud de una ciudad, en particular la ciudad de Santiago, es lo monótona que se vuelve, lo gris y fría; casi el escenario de una película de terror. El recorrido por las calles de Santiago es oscuro, debido a la sobrepoblación de construcciones, no hay espacio para expandirse lateralmente, por lo que la ciudad crece en dirección al cielo, lo que la hace sombría, frialdad en las calles, concreto puro, ausencia de calidez. El concreto, el gris, cubre casi la totalidad de la capital en su centro, y las personas en sus recorridos cotidianos por la ciudad, se encuentran con las mismas imágenes; como un televisor, pone cada vez más idiotas a la gente, los consume, los bloquea. La ciudad cubre a sus habitantes, los cuales se somete a la poca calidez, asumiendo sus condiciones de ambulantes pasajeros son tener una mínima manifestación en contra de su contexto, no hay cercanía; sólo se introducen en ella para cumplir sus labores, la ciudad está en su clímax, pero cuando se va terminando el horario laboral de las personas, la ciudad vuelve a su estado pasivo, pero sin variantes en su esencia, siempre se mantiene igual; sólo hay movimiento de sus obreros, los sometidos a ella. 
1 comentario:
terrible hueco el que hizo el trabajo
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